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Uno se queda embobado ante la presencia de ejemplares de añadas míticas de los grandes de burdeos: petrus, margaux, cheval blanc, Haut Brion, mouton rothschild, lafite, latour y un larguísimo etcétera de la flor y nata de la viticultura francesa, española, italiana, norteamericana y de todos los orígenes destacados. Es ampliamente merecido el reconocimiento que le dedica la publicación especializada Wine Spectator, con la concesión del "Award of excellence" y el "Best Award of excellence" que certifica la calidad única de la selección de vinos del restaurante, premios acumulados durante 6 años seguidos, una gesta inigualable en todo este continente.
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En cuanto a gastronomía, recomiendo los clásicos de la cocina franco-germano-helvética: la mini raclette sirve para contentar la añoranza por este plato alpino, lo mismo que la fondue, siguiendo con quesos, preparan un camembert con coulis de maracuyá que es sorprendente.
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La vichyssoise es fenomenal, lo mismo que la lengua de res en sus dos opciones, a la vinagreta o con jerez, superadas quizás solo por la que prepara mi suegra. La selección de salchichas alemanas con distintas mostazas y salsa de rábano picante me hace sentir en las tabernas del tirol austriaco, mientras que con los escargots a la bourgignonne recupero para el paladar sensaciones que los catalanes apreciamos.
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En este viaje por el centro de la Europa culinaria no puede quedar de lado la col agria, el repollo tal y como lo preparan los pueblos germánicos es el faisán de los franceses o los callos para los españoles; sabores fuertes y texturas extrañas que gustan a un grupo reducido de gente, pero son seña de identidad de la cultura de estos pueblos.


